Sobre la obra de Eduardo de la Cruz Guerra

En la soledad del taller, en el silencio del espacio pictórico, el joven Eduardo De La Cruz Guerra hace ver, desde sus trazos, inusitada notación plástica. Llama al asombro, ante esta muestra emergente, la integralidad de elementos creacionales, haciéndose eco del movimiento de la negritud.

Eduardo traslada sus dibujos hechos con la impaciencia de quien quiere plasmar esas cosmogonías a una pintura monocromática, desde una perspectiva personal que lo compensa de la orfandad académica. Es admitir la seriedad de ejecución de tales versiones icónicas, como normativa de oficio en este artista, quien observa el hecho de apropiación, tan socorrido en la postmodernidad.

En estos retratos se encierra la fuerza de la negritud, ganada por una visión universalista. Insufla él, en los rostros, la gestualidad necesaria para significarlos; maneja la luz sin producir grandes contrastes…Detalles, como los ojos, avalan sustancialmente la obra.

Asistimos, sin dudas, a la evocación de la reserva expresiva en De la Cruz Guerra, a una fase de afirmación. La temática colma el objeto de su proposición: atisbémoslo en sus pinturas.

Ana Julia Gutiérrez Ulloa
Licenciada en Artes Plásticas,
Profesora, Investigadora
Promotora cultural y asesora de TV.

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