Resquicios a la desobediencia.

Estudios sobre la desobediencia. Así se titula la exposición que Alejandro Gómez Cangas (Villa Clara, Cuba, 1986) inauguró el pasado 28 de noviembre en la galería Villa Manuela, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Pinturas y dibujos recientes componen mayoritariamente esta exhibición que podrá visitarse hasta el próximo enero en calle H no. 406, e/ 17 y 19, El Vedado.

Es una de las pocas muestras que no tributaron al festejo por el aniversario 500 de La Habana. No lo hizo, al menos, de una manera explícita. De hecho, el joven artista prescinde de referencias arquitectónicas o urbanas. Es una descontextualización que responde al interés por concentrar la atención en las gentes, la dinámica, los flujos y (des)encuentros de la vida contemporánea en cualquier parte, con alusiones eventuales a través del vestuario y algunos objetos.

El artista “centra su mirada en la dialéctica entre el sujeto colectivo y el individuo […] Cangas muestra el bosque pero pone atención al movimiento de los árboles, a los conflictos de la representación, sus personajes deambulan a un ritmo que se adivina: van… regresan; llegan… parten […] Hay mucho de apropiación de los códigos del diseño gráfico y, por supuesto, una subversión válida del punto de partida fotográfico como documentación inicial” –afirmó en el catálogo Virginia Alberdi, directora de la galería.

Dentro de esa poética, Gómez Cangas abre resquicios a la desobediencia, que conlleva la punición como secuela. En este sentido, resultan ejemplarmente ilustrativos: el dibujo donde versiona el mito de Sísifo (La memoria o mnemotecnia, bolígrafo/papel gaceta), la pintura donde extiende el castigo de la infancia a la vejez (Composición punitiva no. 2¸óleo/lienzo) y la del cepo colectivo (Estudio en madera, óleo/madera).

     

Su aprehensión del sujeto colectivo y anónimo se ha relacionado, hasta cierto punto, con la serie Masas que Mariano Rodríguez realizó en la década de 1980. Aunque también podría vincularse con obras de otro exponente de la vanguardia histórica cubana: Marcelo Pogolotti. Su óleo/tela Marcha ascendente, de los años 1930, se hace recordar un poco en el de Gómez Cangas titulado La montaña perpetua. Pero solo compositivamente. Las proyecciones ideológicas son distintas.

La predilección de Alejandro Gómez por la pintura aparentemente divorciada de cuestiones sociológicas, hizo que lo incluyeran en la exposición colectiva Bomba (Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, 2010). Allí expuso una de sus características composiciones de multitudes vistas en picada, donde un joven que miraba hacia arriba lograba distinguirse como un árbol dentro del bosque. Se trataba del propio artista, pero solo podían identificarlo quienes lo conocían. Otro tanto sucede en la única obra animada de su más reciente exhibición.

Gómez Cangas es un egresado de la Universidad de las Artes (Isa, 2012) en el perfil de Pintura, y está afiliado a la Uneac. Ha realizado varias exposiciones personales y colectivas, en Cuba y el extranjero. Sus obras integran colecciones particulares en diversos países de América –Cuba, EE.UU., México, Puerto Rico, República Dominicana, Perú, Brasil– y de Eurasia: Inglaterra, España, Francia, Italia, Dinamarca, Suiza, Bélgica y Líbano.

Por Israel Castellanos León

Fuente: OleosCuba

Ilustraciones:

1.- La montaña perpetua, 2019, óleo/lienzo, 200 x 200 cm

2.-  Composición punitiva no. 2, 2019, óleo/lienzo, 250 x 200 cm

3.- Estudio en madera (detalle), 2019, óleo/lienzo, 20 x 35 cm

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